Perspicaz lector, está de más hacerle notar el intervalo entre ésta y la última entrada; sin embargo, insistente lector, usted tiene fe en que este haya sido un lapsus completamente anormal en el que el muy disciplinado escritor incurrió. En realidad, fiel (o completamente casual) lector, es todo lo contrario: el que el dueño de este blog haya escrito las entradas anteriores fue un hecho extraordinario y esporádico en el que medió más la inspiración y la casualidad que la disciplina. Y si es cierto, desilusionado lector, que el arte es 20% inspiración y 80% perspiración, entonces podemos contar con un artista menos en el medio. Demos gracias, que como dijo alguien por ahí—¿para qué ser más preciso si las sombras de la ambiguedad ayudan a confundir al ignorante con el sabio?—este país no ocupa escritores, sino más bien empresarios. O ingenieros o algo así. Yo qué sé, deprimido lector, yo qué sé.
28.1.07
6.12.06
Un café mientras llueve
"Me encantan tus ojos," fue lo primero que me dijo cuando nos conocimos. Ella podía ser acusada de muchas cosas pero nunca de tímida. Sin embargo, sí tenía gustos raros; mis ojos nunca le llamaron la atención a nadie, dormilones y poco llamativos. No como sus ojos almíbar, sus pestañas finas y largas, su…
Me estoy distrayendo; me quedé callado por mucho tiempo. Debe de estar pensando que no le pongo atención, que me dejo llevar por las preocupaciones del trabajo y de la casa, que estoy pensando en Laura.
“Estoy escribiendo un libro,” digo, como para decir algo. Se me queda viendo con su par de gaviotas.
“¿Sobre qué es?” después de un rato. “¿Tu poesía vieja, finalmente? ¿Tus cuentos, incluyendo el que me prometiste?”
“No, es un tratado de economía. Una revisión de los neoclásicos. No creo que te guste.”
“Si escribís tan hermosamente como en tus poemas sí”. No son sus ojos lo que me gustan de ella, es algo más que su piel cobriza como playa puntarenense. De hecho su pelo me parece feo. No, me gusta su ligereza de espíritu, su completo desdén por las normas. Laura hubiera pegado un grito al saber la mitad de lo que ella hacía, pensaba, era.
“Escribo correctamente. Como se debe,” sabe que la estoy molestando y abre los ojos con cada palabra.
“Puntuación apropiada, léxico intachable, estilo depurado. Como se debe. La estética está de más cuando se trata de economía”.
“La estética nunca está de más”. Lo que me gusta de ella, sobre todo,—advertencia de cliché sin remedio—es que me aprecia como soy. Creo que nadie más lo hace. Muevo el café con una cuchara, pensando en la gastritis que me va a dar si me lo tomo. (Aún no lo sé pero ese día sería la última vez que la vería). Le pego un sorbo y me hundo en lo moreno del café, en sus ojos pardos, su tez suave y ocre.
Afuera llueve y me invento una excusa para llegar tarde a la fastidiada Laura.
La trama
Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de la estatua por lo impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito.
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.
Al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías; diecinueve siglos después, en el sur de la provincia de Buenos Aires, un gaucho es agredido por otros gauchos y, al caer, reconoce a un ahijado suyo y le dice con mansa reconvención y lenta sorpresa (estas palabras hay que oírlas, no leerlas): ¡Pero, che! Lo matan y no sabe que muere para que se repita una escena.
Jorge Luis Borges, en CiudadSeva.com
28.11.06
Nacer. Morir. Levantarnos de la tumba y seguir.
I
Mirá que cuando te vi,
que cuando te besé,
que cuando te amé,
no te amé
por lo que eras entonces:
una niña con cabellos de sal
y ojos tan bellos pero
¡ay! también enjutos,
también vacíos de mí.
Te hice unos labios nuevos,
te dibujé una boca,
te esculpí una cintura,
y cuando creí que eras perfecta
para nacer de mis besos,
me rechazaste.
II
Sí, me vaciaste los ojos,
me mordiste el hígado,
te divertiste bailando por mi cuello.
Reías con carcajadas sordas.
Pero vos no eras el problema,
era yo.
Me tuviste que enseñar a amar.
Me borraste la frente,
cincelaste unas manos frescas
de la tosquedad del silencio y la costumbre.
Recogiste mis lágrimas
para beberlas en la noche.
III
Entonces nos embargó un silencio hosco.
No sabíamos si seguir.
Habíamos nacido de los ojos del otro,
del vientre de nuestros ritos,
y sabíamos que sufriríamos mucho
y que amaríamos más,
y nos dio miedo.
IV
Elegimos seguir.
Nacer.
Amar cada momento.
Morir.
Levantarnos de la tumba y seguir.
Siempre seguir.
Mirá que cuando te vi,
que cuando te besé,
que cuando te amé,
no te amé
por lo que eras entonces:
una niña con cabellos de sal
y ojos tan bellos pero
¡ay! también enjutos,
también vacíos de mí.
Te hice unos labios nuevos,
te dibujé una boca,
te esculpí una cintura,
y cuando creí que eras perfecta
para nacer de mis besos,
me rechazaste.
II
Sí, me vaciaste los ojos,
me mordiste el hígado,
te divertiste bailando por mi cuello.
Reías con carcajadas sordas.
Pero vos no eras el problema,
era yo.
Me tuviste que enseñar a amar.
Me borraste la frente,
cincelaste unas manos frescas
de la tosquedad del silencio y la costumbre.
Recogiste mis lágrimas
para beberlas en la noche.
III
Entonces nos embargó un silencio hosco.
No sabíamos si seguir.
Habíamos nacido de los ojos del otro,
del vientre de nuestros ritos,
y sabíamos que sufriríamos mucho
y que amaríamos más,
y nos dio miedo.
IV
Elegimos seguir.
Nacer.
Amar cada momento.
Morir.
Levantarnos de la tumba y seguir.
Siempre seguir.
Otra propuesta
Dejemos de considerar la razón como motor de la acción humana, pero no usemos la irracionalidad como excusa para ser ignorantes. Concibamos el presente como todo lo que hay, pero no deleguemos nuestros errores en el pasado ni seamos inconsecuentes gracias al consuelo de un futuro inexistente. Deleitémonos con el absurdo; creamos en la trascendencia de nada más que lo bello y lo noble (aunque nada lo sea por mucho tiempo); ríamonos de Dios, de su ubicuidad y de su ausencia. Finalmente, y como decían los surrealistas, seamos realistas: soñemos con lo imposible.Nota: El cuadro es Untitled (You are not yourself) de Barbara Kruger.
Piense TLC
La consigna No TLC se ha convertido en un slogan vacío; se dice pero no se piensa. La reiteración ha agotado su sentido. Quedan las palabras, pero la significación real, las implicaciones políticas, la lucha ideológica, la resistencia foucaultiana que yace en su centro, ¿aún sobreviven? Lo mismo es válido para el Sí TLC, aunque—y por razones obvias—tal proclama raramente se escucha en el ámbito académico. Propongo entonces una nueva frase emblemática y muchísimo más profunda: Piense TLC. Lamentablemente, dudo que se haga popular; sería la muerte de los dirigentes con aires mesiánicos, de ambos bandos.Duda
Una pregunta me ha estado dando vueltas en la cabeza. Si Jesús hubiera dicho que era más popular que los Beatles, ¿alguien lo hubiera asesinado?30.10.06
Rito
Me he sentido parte de algo en contadas ocasiones. Casi siempre, por unos segundos, en medio de un slam, viendo a un montón de desadaptados, punks, troskos, skatos, skinheads, sXe's. En ese brevísimo momento de comunión, donde cada patada en la espinilla y cada golpe en el costado es bienvenido, se deja de ser uno para convertirse en un todo. Freud no lo creería. Después, el sudor se escurre y las piernas ya no dan; el sacramento de las subculturas, la gran orgía, el grotesco y magníficamente incivilizado rito tribal acaba.29.10.06
Réquiem
Ya me habían dicho que el viejo no estaba muy bien, y, bueno, qué se puede esperar si, como dice la canción, los años se le vinieron encima. Yo sabía que iba a estar así, pero uno qué puede hacer con tanto trabajo en la oficina, que el cabrón este de García quiere el informe a más tardar el jueves; es un hijueputa García, yo ya lo he dicho, y Manolo como que asiente con la cabeza y se le mueve el pelo, corto y lleno de gel, pero igual se queda trabajando hasta bien tarde el miércoles cuando todos los colegas vamos al happy hour y nos queremos olvidar de que para el otro día está el informe. Manolo es un hijueputa, de una forma única y tan suya, pero un gran hijueputa igual. Y claro también están Viviana y los gemelos, o sea, la escuela, el supermercado, el seguro, las tarjetas de crédito, la hipoteca, las buenas noches a los mocosos, el hacer el amor callados o el no hacer el amor porque ella está muy cansada (y yo), las no tan buenas noches; en resumen, la vida. Entonces cómo puedo preocuparme por el viejo, si ya para algo tiene a esa enfermera que lo cuida en las mañanas y a Ana, además ellos dos siempre fueron más cercanos; como que a ella le gusta verlo dormir. Yo la verdad no tengo tiempo y todo este rato que ha estado hablando no le he puesto atención pensando en el gordo de García y si me dará el ascenso. Me dice que vuelva otro día, que no me olvide de él; yo le digo que sí, que adiós, que se me hizo tarde, que voy a volver.
Y vuelvo dos semanas después. El viejo está grave; respira entrecortado, tose mucho y tiene los ojos como idos. Toda la familia vino; sabemos que esta noche se nos va. Los gemelos están en la sala. Viviana tiene los ojos llorosos; siempre le cayó muy bien el viejo. Dice algo. Que me le acerque. Cantáte esa de Serrat que dice, mi pueblo después vio morir a los tres. Está perdido. Le cantó lo del sacristán que veía al cabo hacerse viejo y el cabo al cura o algo así. Y lo demás no me lo acuerdo, pero el viejo parece complacido y se sonríe. Sé que se va a dormir. Ocupo decirle tanto. Pero ya no hay tiempo. Lo veo a los ojos. Tose. Le pongo la mano detrás de la nuca y le doy un beso en la frente llena de surcos, como hacía mi abuelo. Me doy cuenta de que está dormido. Llamo a Ana.
Me veo obligado una semana después a volver a la casa, porque hay que ver qué hacemos con una casa tan pequeña entre cuatro personas. Mi idea es que la vendamos y nos dividamos el dinero entre cuatro partes iguales pero sé que a Ana no le hace gracia la idea. Hoy pedí el día libre y no porque la visita vaya a durar tanto, sino porque quiero acordarme del viejo y quedarme sentado en la terraza como hacía él cuando mamá ya no estaba. Espero a que Ignacio se vaya a medir el patio de atrás para entrar al cuarto y recorrer los rincones con la vista, minuciosamente, con todo el tiempo del mundo. Los muebles tienen un olor que repele y atrae a la vez, como el repaso mental de mi infancia y nuestra relación. Observando la cama donde nos despedimos por última vez, la idea casi me saca el aire: soy, de una forma única y muy especial, un gran hijueputa. Entonces me acuerdo, lenta pero precisamente, con una nostalgia indescriptible y hondísima, del resto de la canción, y tarareó mientras me alejó del cuarto, el sacristán ha visto hacerse viejo al cura, el cura ha visto al cabo; y el cabo, al sacristán. Y mi pueblo después vio morir a los tres. Y me pregunto porqué nace la gente… si nacer o morir es indiferente.
Y vuelvo dos semanas después. El viejo está grave; respira entrecortado, tose mucho y tiene los ojos como idos. Toda la familia vino; sabemos que esta noche se nos va. Los gemelos están en la sala. Viviana tiene los ojos llorosos; siempre le cayó muy bien el viejo. Dice algo. Que me le acerque. Cantáte esa de Serrat que dice, mi pueblo después vio morir a los tres. Está perdido. Le cantó lo del sacristán que veía al cabo hacerse viejo y el cabo al cura o algo así. Y lo demás no me lo acuerdo, pero el viejo parece complacido y se sonríe. Sé que se va a dormir. Ocupo decirle tanto. Pero ya no hay tiempo. Lo veo a los ojos. Tose. Le pongo la mano detrás de la nuca y le doy un beso en la frente llena de surcos, como hacía mi abuelo. Me doy cuenta de que está dormido. Llamo a Ana.
Me veo obligado una semana después a volver a la casa, porque hay que ver qué hacemos con una casa tan pequeña entre cuatro personas. Mi idea es que la vendamos y nos dividamos el dinero entre cuatro partes iguales pero sé que a Ana no le hace gracia la idea. Hoy pedí el día libre y no porque la visita vaya a durar tanto, sino porque quiero acordarme del viejo y quedarme sentado en la terraza como hacía él cuando mamá ya no estaba. Espero a que Ignacio se vaya a medir el patio de atrás para entrar al cuarto y recorrer los rincones con la vista, minuciosamente, con todo el tiempo del mundo. Los muebles tienen un olor que repele y atrae a la vez, como el repaso mental de mi infancia y nuestra relación. Observando la cama donde nos despedimos por última vez, la idea casi me saca el aire: soy, de una forma única y muy especial, un gran hijueputa. Entonces me acuerdo, lenta pero precisamente, con una nostalgia indescriptible y hondísima, del resto de la canción, y tarareó mientras me alejó del cuarto, el sacristán ha visto hacerse viejo al cura, el cura ha visto al cabo; y el cabo, al sacristán. Y mi pueblo después vio morir a los tres. Y me pregunto porqué nace la gente… si nacer o morir es indiferente.
Mi generación
Nací en los ochentas, pero de esa década perdida me quedaron solo unas canciones tardíamente descubiertas de Tears for Fears y Soda Stereo y peliculillas desempolvadas por la tele nacional. La Generación X me da igual; no sé bien qué es un yuppi. Crecí en los noventas y me acuerdo de algunas amistades que ahora solo son números de telefono. Pero de la época, nada. Ahora vivo (vivimos, somos vividos) en el nuevo milenio, rodeado de cosas que poseen gente... Qué triste la vida del apático que se reconoce como tal.
Manifiesto
El boom del blog ha sido ya estudiado, analizado y digerido por la comunidad electrónica. Pero, ¿qué es lo que necesita un blog para ser atractivo? ¿Qué lo mantendrá vivo, palpable, seductor, con tantos otros, tantos emisores y mensajes reclamando la atención del navegador y prometiéndole el espacio perfecto para informarse, entretenerse, distraerse, en fin, ser alguien en la red? Promoción, contenido, diseño: eso dicen. Pero, ¿y en la práctica? No se puede ser uno más; la excepción debe ser la regla; la inversión, lo normal. Este proyecto nace con ese propósito. La justificación personal es ésa: intentar un blog, crear el contenido adecuado, ser consecuente, ver como responde la tecnología y la gente. Es, a final de cuentas, un experimento. La contingencia de su fracaso es inherente a su naturaleza misma, pero no el miedo a tal fracaso.
Repito: la excepción debe ser la regla; la inversión, lo normal. De tal premisa nace Anagramas Libres, un blog de temática amplia, compromiso intelectual, social y artístico; sobre todo, humano.
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